Un poema en memoria del Sargento Segundo Palacio en su primer año de fallecido, escrito desde la mirada de alguien que vivió su ausencia de manera ajena, pero que logró sentir el dolor y el vacío que dejó en su familia.

No fui yo quien te perdió,
pero vi lo que dejaste cuando todo cambió.

Ese 17 de junio de 2025
no fue un día más,
fue un momento exacto
en que todo se partió en dos.

Nada volvió a ser igual,
todo siguió,
pero ya no en su lugar.

Vi a tu esposa rota en llanto,
vi a tus hijos perdidos,
tratando de entender
por qué ya no ibas a volver.

Vi tu casa quedarse igual,
pero con un vacío imposible de llenar.

Vi tus placas en sus manos,
temblando…
como si aún te estuvieran esperando.

Y entendí, sin ser mío el dolor,
que hay ausencias que pesan peor.

Intento entender ese dolor desde lejos,
viendo cómo una familia se quiebra en silencio.

No viví tu ausencia en primera persona,
pero la sentí en los ojos de quienes te adoran.

Desde ese día
tu nombre vive en tu familia,
en lo que duele pero aún los guía,
en cada intento de seguir la vida

En el amor que les dejaste y nunca olvidan.

En memoria del Sargento Segundo Sebastián Palacio Urrea.