Cuando se habla del acoso hacia las mujeres, muchas veces aparece la frase: “no todos los hombres”. Es cierto que no todos los hombres son acosadores; sin embargo, muchas mujeres han experimentado alguna forma de acoso sexual a lo largo de su vida, ya sea mediante comentarios sexuales no deseados, llamados obscenos en la calle o tocamientos sin consentimiento. Esto plantea una reflexión importante: si no todos los hombres acosan, ¿por qué tantas mujeres han vivido experiencias similares?
Según las estimaciones publicadas por la Organización Mundial de la Salud en 2024, alrededor de 736 millones de mujeres en el mundo, casi una de cada tres, han sufrido violencia física o sexual por parte de una pareja, violencia sexual fuera de la pareja o ambas al menos una vez en su vida. Estas cifras no incluyen todas las formas de acoso sexual, por lo que la magnitud real del problema puede ser aún mayor.
Sin embargo, la problemática no comienza en la edad adulta. Muchas niñas experimentan situaciones de acoso desde edades muy tempranas. Comentarios sobre su cuerpo, silbidos en la calle, contacto físico no deseado o conductas inapropiadas por parte de familiares, conocidos o desconocidos son experiencias reportadas por numerosas mujeres al recordar su infancia y adolescencia. Esto demuestra que el problema no afecta únicamente a las mujeres mayores de 15 años, sino que puede estar presente desde la niñez y continuar a lo largo de toda la vida.
Algunas personas sostienen que los hombres que nunca han acosado a una mujer no forman parte del problema. Sin embargo, en ocasiones determinadas conductas sociales pueden contribuir a que estas situaciones continúen. Esto puede ocurrir cuando familiares, amigos, compañeros o personas cercanas restan importancia a comentarios sexistas, justifican comportamientos irrespetuosos o guardan silencio frente a situaciones de acoso. No se trata de afirmar que todos los hombres actúan de esta manera, sino de reconocer que ciertas actitudes pueden favorecer la normalización de estas conductas.
Además, diferentes investigaciones han encontrado una relación entre la desigualdad de género y la violencia contra las mujeres. Un análisis regional de las Encuestas de Salud de la Mujer realizadas entre 2016 y 2019 en Granada, Guyana, Jamaica, Surinam y Trinidad y Tobago mostró que las mujeres que mantenían relaciones con hombres que expresaban actitudes que reforzaban la desigualdad de género tenían mayores probabilidades de experimentar violencia de pareja.
Asimismo, el informe “(In)Seguras en las calles”, publicado por Plan International en 2020, señala que muchas adolescentes y jóvenes sufren acoso sexual en espacios públicos de manera frecuente. El estudio destaca que estas situaciones ocurren con tanta regularidad que muchas jóvenes las han normalizado y que solo una minoría presenta denuncias formales.
Muchas mujeres han llegado a minimizar estas experiencias porque forman parte de su vida cotidiana. Algunas continúan caminando e intentan ignorar los comentarios obscenos o las situaciones incómodas para evitar conflictos. Sin embargo, el hecho de que estas experiencias se hayan vuelto comunes no significa que sean aceptables. El acoso puede ocurrir independientemente de la forma de vestir de una persona, lo que demuestra que la responsabilidad recae exclusivamente en quien acosa.
La violencia y el acoso también se manifiestan de formas diferentes según la etapa de la vida. En la niñez pueden presentarse situaciones de abuso, acoso escolar con connotaciones sexuales o comentarios inapropiados por parte de adultos. En la adultez son frecuentes el acoso callejero, la violencia de pareja y la discriminación laboral. En la vejez, muchas mujeres enfrentan violencia psicológica, abandono o dependencia económica que dificulta denunciar los abusos. Aunque las formas cambian, el problema puede acompañar a las mujeres durante gran parte de su vida.
Resulta preocupante que, en ocasiones, el debate se centre más en la expresión “todos los hombres” que en las experiencias relatadas por las mujeres. Reconocer que no todos los hombres son responsables de estas conductas no implica ignorar que el problema existe y afecta a una gran cantidad de mujeres. Mientras continúen la indiferencia, la minimización de los hechos o la falta de acciones frente al acoso, será difícil reducir su impacto. No todos los hombres acosan, pero la sociedad en su conjunto tiene la responsabilidad de rechazar estas conductas y contribuir a la construcción de espacios más seguros para todas las personas.







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