Tú eres de las mujeres más bellas,

inspiración de los mejores poetas,

que en tus ojos encontró planetas

y en tu querer encontró las estrellas.

Gema encontrada en el infinito desierto,

cual manantial que me mantiene despierto.

Oasis vigorizante de mi vida,

que se niega a sacar la tuya de la mía.

Entre tus hebras de oscuridad

encuentro el latir del volcán,

tan ferviente como mi amar,

que solo mi muerte y el tiempo podrán enfriar.

Quisiera visitar tus azules lagunas

que llenan tu corola cual místicas dunas,

nadar en ese cristalino océano

y desaparecer en él, cual pirata veterano.

Vivir del néctar de tus labios de rubí,

igual al que vuela por los rojos llanos de nombre colibrí;

y para poder enloquecer en los lejanos,

vivir para morir de placer en los altozanos.

Pasar un efímero día con tu Narciso

sería suficiente para que el anochecer

sea un día más en el paraíso,

para aguardar a una gota de tu querer.

Pero siempre perseguiré al sol para la complacencia

de cada segundo de luz que recorre tu gracia,

evocando a la divinidad, la cual encontraré en la eternidad

cuando mi escape llegue a su final.

(Solo aquel que ha padecido el mismo delirio sabrá ante qué presencia está escrito).