Reseña: El árbol de los deseos

¿Sabías que existe un árbol de los deseos? Pues sí, cada primero de mayo, las personas del vecindario cuelgan sus deseos en las ramas de Rojo, un viejo roble conocido como “el árbol de los deseos”.

En Rojo cuelgan muchas clases de deseos:  algunos curiosos y otros más profundos y sinceros como el de Samar, una niña musulmana nueva en el vecindario, que desea tener un amigo. Rojo, con su gran optimismo, busca ayudarla, demostrando que se preocupa por los demás. 

A lo largo de la historia, Rojo observa en silencio lo que pasa a su alrededor y, gracias a su optimismo, confía en que las personas pueden mejorar y aprender a convivir. Este árbol tiene una manera de ver el mundo que transmite calma y esperanza, incluso en los momentos difíciles. Esta perspectiva permite el desarrollo de la historia, ya que esta serenidad ayuda a mediar conflictos y nos deja de enseñanza que adoptar una postura de calma es lo mejor en medio del caos.

Mientras que lo habitual es que las historias sean narradas por humanos, en este caso Rojo aporta una perspectiva sabia que un narrador común no tendría. Además, el árbol no es solo un personaje, sino que funciona como un símbolo de memoria y resistencia para todo el vecindario, representando la estabilidad frente a los problemas de la comunidad.

 
No importa cuántos años tengas, “El árbol de los deseos” de Katherine Alice Applegate es una obra accesible para lectores de distintas edades, ya que tiene un lenguaje sencillo, pero transmite un mensaje profundo y aborda temas complejos como la xenofobia y el sentido de pertenencia.  Es una historia conmovedora que nos invita a reflexionar sobre la empatía, la amistad y la importancia de los pequeños actos.