Un artículo que explica cómo las acusaciones contra D4vd cambiaron la forma en que muchos escuchan Romantic Homicide. Una reflexión sobre los límites entre el artista, su obra y lo que sentimos al conocer la historia detrás de ella.
“In the back of my mind
I killed you
And I didn’t even regret it”
(Romantic Homicide, D4vd)
Así dice Romantic Homicide, una canción lanzada en 2022 que hizo el nombre de D4vd conocido internacionalmente. La canción, marcada por un sonido melancólico y letras sobre el dolor de una relación fallida, logró que millones de personas se sintieran identificadas con el profundo sentimiento de decepción que transmite. Para muchos oyentes, era una simple canción que los acompañaba en su dolor. Sin embargo, tres años después, su título adquirió un significado mucho más incómodo.
En septiembre de 2025, los restos de Celeste Rivas Hernández, una adolescente de 14 años, fueron encontrados dentro de un Tesla registrado a nombre de David Anthony Burke, conocido artísticamente como D4vd. Tras meses de investigación, Burke fue acusado en abril de 2026 de asesinato y otros delitos relacionados con la muerte de la menor. Él se declaró no culpable y actualmente enfrenta un proceso judicial. En julio, un juez determinó que existía suficiente evidencia para llevar el caso a juicio, el cual se espera que se lleve a cabo a finales de agosto, donde puede enfrentar cadena perpetua o pena de muerte.
Todo este proceso hizo que Romantic Homicide volviera a aparecer en conversaciones en redes sociales, pero esta vez su título tenía un significado más oscuro. Aunque no existen pruebas de que la canción tenga alguna relación con el crimen; el simple hecho de que su título contenga la palabra homicidio mientras su creador enfrenta una acusación por este delito, inevitablemente cambia la manera en que algunas personas la perciben.
Llegados a este punto, surge una pregunta difícil: ¿Es posible separar una obra de la persona que la creó? Quizás sí. Una canción puede adquirir significado propio a través de las experiencias y los recuerdos de cada oyente. Sin embargo, conocer las acciones o acusaciones contra su autor también puede transformar completamente la manera en que percibimos aquello que antes escuchábamos sin cuestionarlo.
El conflicto aparece cuando lo que sentimos por una obra entra en contradicción con lo que pensamos sobre quien la creó. Podemos seguir encontrando belleza en una canción y, al mismo tiempo, sentir incomodidad al recordar quién está detrás de ella. Separar el arte del artista no significa necesariamente ignorar sus acciones, sino decidir cuánto deben influir en el significado que la obra tiene para nosotros.
Tal vez el arte pueda separarse del artista, pero no siempre podemos separar lo que sabemos de lo que sentimos. Quizá esa sea la parte más incómoda de escuchar una canción después de conocer la historia detrás de su creador.
No dejamos de escuchar una canción, simplemente dejamos de escucharla de la misma manera.





