Una historia que nos cuenta el como una muñeca de porcelana lentamente encuentra su identidad.

Bueno, al parecer… Llegué a mi destino, mi hogar, donde está mi creador. O bueno, nuestro creador. ¿Por qué tengo que visitar este lugar otra vez? Total, y ya me estaba sintiendo humana… Ya que, supongo que no debería alargar esto.

Mi apariencia cambió una vez más, a mi forma original; al parecer, será la última vez que lo haga.

Ajusto mi traje; este cuerpo es un tanto más pequeño, aunque la ropa que él hizo se ajusta automáticamente al tipo de cuerpo; aún se siente raro.
-¿Por qué debo cambiar? No pude simplemente… ¿Nacer normal?

Empiezo a seguir el camino hacia la aldea.

-Dije que cambiaría este hábito de cuestionar mi existencia, pero a veces no puedo pararlo; siempre cuestiono mi propósito, no tengo un cuerpo humano siquiera. El viento me golpea y me recuerda lo hermoso que es este lugar; para ser un cielo falso, es… Hermoso, no me acordaba de que este lugar fuese así…

-Me distraje totalmente de lo que estaba pensando, pero… Creo que quiero quedarme así un momento; las hojas vuelan, los pájaros cantan… Siento paz. Miro a los peces nadar en un lago; ya veo por qué los demás se querían quedar; tal vez no estaría mal vivir aquí… Aunque tengo cosas que hacer. No me puedo quedar aquí.

Empecé a tararear algo, una canción de una amiga; se me había quedado pegada en la cabeza. Debería volver a escucharla cuando salga de aquí…

Me levanté; tengo que continuar a la aldea antes de que se haga de noche. Al sol sintético parece que le falta una hora antes de que se esconda totalmente, así que todavía tengo tiempo.

Llegué a la aldea y vi a los de mi especie, muñecos de porcelana. Hay algunos que prefieren tomar la forma masculina, mientras que otros prefieren la femenina. Aunque parecen modelos más avanzados que el mío. Debería preguntar dónde está el maestro, así que me acercaré al primer muñeco que vea.

-Hola, ¿me podría decir dónde se encuentra el maestro?

-¿El maestro? Él se encuentra dentro de ese edificio de allá.

Me apunta hacia una alcaldía; claro, él es el alcalde de la aldea, ¿por qué no lo pensé antes? Bueno, igual ya voy hacia allá.

En el camino, empiezo a dudar si preguntarle cuál es el propósito de todos nosotros. Todos nacimos con esta envidia de un cuerpo humano, de sentimientos de un humano, pero… ¿Cuál es el propósito de hacernos envidiar?

Llegué a la alcaldía, presenté mi número de muñeco, 001, nombre: Nikolai. Qué bien que guarde esto, me evita todo el papeleo… Bueno, su oficina, asumo que es la que tiene unas… Puertas gigantes, parece obvio. Abro la puerta y ahí encuentro al maestro. Mi creador, nuestro creador.

-¿Maestro?

-Nikolai, parece que por fin volviste.

-Si, fue un largo viaje, aunque, antes que nada, me gustaría preguntarte algo. Y es, bueno, ¿cuál es nuestro propósito?

-¿No te diste cuenta de que tu verdadero propósito no es aparentar ser humana? Pensé que ya lo sabías, siendo la primera muñeca jamás creada. Nunca tuvieron libertad, y nunca la tendrán; solo son experimentos creados para la autoridad… Cosas sin alma, fácilmente manipulables, ese es su destino; no son nada más que marionetas.

Me quedé con los ojos abiertos. ¿Acaso te escuché bien, Hannes? Quiero hablar, pero no se abre mi boca; simplemente no me puedo mover. ¿Qué es esta sensación?

Busco desesperadamente entre mis memorias; cuando me vio por primera vez, se me asignó el propósito de volverme humana, ¿no?

Escarbo a través de mis memorias, pero no puedo encontrar las partes que unen ese momento… Noto cómo se me llenan los ojos de lágrimas; todavía no puedo creer lo que está pasando. Siento cómo mi cuerpo me falla, y–

¿Me acabo de desmayar? Ahora me encuentro no en una prisión, sino como en una habitación hecha para mí. Parece que él había planeado encerrarme… Ah, qué importa, simplemente no pude nacer normal y evitar todos estos problemas…

Le pegué a la pared en frustración, y me recordó una vez más que nunca seré humana; nada sale de mi mano quebrada. Solo se regenerará más tarde. Me siento y veo los pedazos de mi mano. Envidio el dolor, la carne, el alma y todo lo que lo hace humano a uno.

Pero… Ahora que lo pienso, envidiar no servirá de nada si no busco un cambio por mí misma; yo… Soy fuerte, sí, tengo mis propias emociones… Le pegué a la pared por frustración, ¿verdad? Lloré por tristeza, por impotencia. Sentí algo más que envidia, algo más que el deseo de un cuerpo nuevo… ¿Acaso nosotros, muñecos, podemos despertar emociones?

¿Acaso podemos ser humanos?