Entre likes, filtros y peligros invisibles
Imaginen a una niña de 11 años en su habitación. No está jugando con muñecas ni corriendo en el parque; está frente a un teléfono, grabándose mientras baila o canta una canción con una letra explícita, llena de insinuaciones que ni ella misma alcanza a comprender del todo. Esta escena, que antes nos habría alarmado, hoy es parte de la vida cotidiana. De hecho, datos de UNICEF revelan que en nuestra región la mitad de los niños entre 6 y 11 años ya son usuarios activos de internet, y muchos ingresan a redes sociales antes de cumplir la edad mínima permitida.
Las redes sociales se han convertido en una de las principales formas de entretenimiento y comunicación para niños y adolescentes. Plataformas como TikTok, Instagram y Facebook permiten compartir videos, aprender nuevas cosas e interactuar con otras personas. Sin embargo, el acceso temprano a estas aplicaciones también trae riesgos que muchas veces son ignorados.
El verdadero problema no es únicamente el contenido que publican los menores, sino lo que existe detrás de ello: la necesidad de encajar y buscar aprobación constante. A los 11 o 12 años, los niños todavía están construyendo su identidad, por lo que suelen imitar aquello que parece popular o exitoso en internet. El problema es que gran parte del contenido que consumen no está diseñado para ellos.
Diversas investigaciones han advertido que la exposición temprana a contenidos adultos o hipersexualizados puede afectar la autoestima de los menores y distorsionar la forma en que se ven a sí mismos. Muchos comienzan a medir su valor personal según la cantidad de likes, seguidores o comentarios que reciben. Además, pasar demasiadas horas buscando aprobación digital puede generar ansiedad, inseguridad y dependencia emocional de las redes sociales.
Otro de los mayores peligros es la falta de seguridad en internet. Al subir fotos o videos públicos, muchos menores comparten información personal sin ser conscientes de los riesgos. Aunque creen que solo sus amigos observan sus publicaciones, la realidad es distinta. En internet también existen personas malintencionadas que pueden aprovecharse de la inocencia de los niños para engañarlos y manipularlos. Situaciones como el grooming y el ciberacoso se han vuelto problemas cada vez más frecuentes en el mundo digital.
Aun así, las redes sociales no son completamente negativas. También pueden ser espacios de creatividad, aprendizaje y expresión personal cuando se utilizan de forma responsable. El problema aparece cuando no existe supervisión, límites o educación digital adecuada.
Por esta razón, es importante que padres, profesores y adultos responsables acompañen a los menores en el uso de internet. Hablar sobre privacidad, autoestima y seguridad digital no es invadir su espacio personal; es ayudarlos a protegerse en un entorno que muchas veces puede ser peligroso.
En definitiva, la generación actual creció online, rodeada de pantallas, filtros y redes sociales. Aunque la tecnología ofrece grandes oportunidades, también puede afectar la infancia si no se utiliza correctamente. Más allá de prohibir las redes sociales, el verdadero desafío está en enseñar a los menores a usarlas con responsabilidad, seguridad y conciencia de su propio valor fuera de una pantalla.





