El efecto negativo de las redes sociales en la percepción corporal en los jóvenes, la tendencia del “Glow up”, la industria de la belleza y la infantilización de la mujer en la misma.
Mírate en ese espejo, ¡no!, no el que cuelga en la pared… Piensa en tu reflejo mentalmente y date una respuesta sincera: ¿eres atractivo? Una pregunta que a primera vista suena inocente, sin embargo, en la era de las redes sociales se ha convertido en un juicio constante, injusto y problemático. Enviando un mensaje tóxico, específicamente a los jóvenes, en el que la belleza es igual a tu valor.
La tendencia del “Glow up”, traducida como “brillar intensamente”, surge en plataformas sociales como Instagram y TikTok, popularizándose desde la década del 2010 al mostrar artistas e influencers teniendo cambios físicos (Mejor con Salud, s. f.). Esta tendencia dicta una transformación tanto física como emocional, presentada como un camino hacia la superación y crecimiento personal, prometiéndonos llegar a nuestra mejor versión, ser atractivos y felices. Pero, ¿realmente es así? En la práctica te darás cuenta de que deberás mejorar todo de ti, incluso de las cosas que antes no te causaban inseguridad: te enteras de que tu cabello no es el ideal, tu piel no es de porcelana, no eres lo suficientemente delgada, debes cambiar tus gustos de moda y estética, y de que tu estilo de vida no es el que “debe” ser.
La industria de la belleza ha reforzado la idea de que las mujeres deben ser eternamente jóvenes. Esto ha sido promovido históricamente por los medios de comunicación y la publicidad, consolidando un “ideal femenino” basado en características como ser blanca, joven y bella (El Universal, 2023). Este modelo construye estereotipos problemáticos, asociados con rasgos infantiles como la piel lisa, la ausencia de vello corporal y la delicadeza. Como consecuencia, se generan fenómenos como la discriminación, la desigualdad, la infantilización de la mujer, y en ultima instancia la violencia de género, debido a que iguala la feminidad con la fragilidad.
Asimismo, se ha romantizado la juventud y se ha demonizado la vejez, creando un ciclo de consumo constante. Aunque podría pensarse que ignorar estos mensajes es suficiente, la realidad es que existe una industria entera dispuesta a recordarnos constantemente que no cumplimos con estos estándares. De esta manera, se construye la idea de que nunca se es lo suficientemente atractivo y, por ende, nunca se alcanza la felicidad.
Los videos tutoriales de “glow up” refuerzan esta lógica al recomendar productos específicos, rutinas extensas de cuidado personal y cambios constantes en la apariencia. Esto convierte la búsqueda de la “mejor versión” en un proceso interminable que implica un alto costo económico. En este contexto, las cirugías plásticas aparecen como una solución radical para lograr estos estándares.
Según especialistas como la doctora Victoria Núñez, experta en Cirugía Oral y Maxilofacial y Medicina Estética, las redes sociales han amplificado estándares de belleza irreales que influyen en la percepción corporal y en la toma de decisiones de los pacientes (Okdiario, 2023). Del mismo modo, la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética señala que el número de menores y adolescentes interesados en someterse a cirugías plásticas ha ido en aumento, aun cuando muchos no han finalizado su desarrollo físico (ISAPS, 2023).
Adicionalmente, diversas clínicas advierten sobre el impacto de las plataformas digitales. Las redes sociales han transformado la forma en que los pacientes toman decisiones sobre procedimientos estéticos (Clínica Saint Paul, 2024). En particular, los contenidos de “antes y después” funcionan como uno de los principales detonantes para considerar una intervención quirúrgica. Esto se relaciona estrechamente con la cultura del “glow up”, en la que se busca evidenciar una transformación radical entre lo que una persona era y lo que aspira a ser.
El intento constante de alcanzar estándares de belleza inalcanzables tiene consecuencias negativas en la salud mental. Puede generar inseguridad, comparación constante e incluso trastornos alimenticios, especialmente en jóvenes (Saucedo-Fernández & Martin-Díaz, 2025). Todo esto ocurre mientras se sostiene una industria que se beneficia de estas inseguridades.
El problema no radica en el deseo de mejorar, sino en reducir el concepto de mejora únicamente a lo físico. La presión por encajar en un modelo impuesto genera una percepción distorsionada de uno mismo. Esto contradice la promesa inicial de bienestar y crecimiento personal que promueve la tendencia.
No obstante, la obsesión por la belleza no es un fenómeno reciente. Desde tiempos antiguos, como en el Antiguo Egipto, las personas utilizaban productos y técnicas para conservar la juventud y mejorar su apariencia (Echeverría Arístegui, 2017).
Lo que hoy en día llamamos “glow up” es solo la continuidad de la vanidad histórica, actualmente amplificada por las redes sociales. Con la única y sutil diferencia de que ahora se esconde bajo el nombre de “amor propio”. Las redes sociales y la industria de la belleza han convertido la juventud y el deseo de perfección en mercancías exitosas. ¿Hasta dónde, como sociedad, dejaremos que lleguen estos estándares dañinos? Más aún, ¿cuándo se comenzará a construir una identidad basada en la autenticidad y no en la apariencia?






