Ricitos dorados,
tu pelo es como una estrella en un mar de cristal,
el sol ilumina tu presencia,
y la noche resalta tu amor.
Huellitas marcadas en mi corazón,
ojitos como miel recién hecha,
una pequeña razón,
una gran cosecha,
de un amor sin igual
para mi vida esencial.
Carita de oro,
mi eterno tesoro;
que al recostarse en mi pecho
es un hecho que no hay derecho,
a dejarte ir alguna vez
para tener que soñarte después.
Patitas de algodón,
como si tuvieras el don,
de hacer felices mis días,
de inspirar mis alegrías.
Orejitas largas como un río de cariño,
que no deja de fluir,
que me hacen sentir como un niño,
sin temor de morir,
con valor de seguir.






