Era domingo 23 de junio de 1968, en plena época de dictadura militar en Argentina. Podría haber parecido un día como cualquier otro, pero no para el fútbol. Ese día se disputaba el Superclásico entre River Plate y Boca Juniors en el mítico estadio Monumental de Buenos Aires. 

Este clásico es uno de los encuentros más importantes del fútbol argentino y uno de los más vistos del mundo. En aquella época las tribunas aún no tenían asientos, por lo que la capacidad del estadio era mayor. Se estima que cerca de 90 000 personas asistieron para presenciar un nuevo capítulo de esta histórica rivalidad. 

Sin embargo, lo que marcaría ese día no sería lo ocurrido dentro del campo de juego, sino lo que sucedería después del pitazo final. Nadie imaginaba que, minutos después de terminado el partido, el fútbol argentino quedaría marcado para siempre. Ese día ocurriría la mayor catástrofe de su historia: la tragedia de la Puerta 12.

Bienvenidos a “Las Vivencias del Fútbol”, una sección dedicada a analizar hechos, tragedias e historias que han marcado este deporte. En este primer capítulo exploraremos uno de los momentos más dolorosos del fútbol argentino y reflexionaremos sobre la importancia de la seguridad en los estadios.

El partido en sí fue decepcionante: un empate 0-0, sin goles ni expulsiones. Al terminar el encuentro, miles de hinchas comenzaron a retirarse del estadio. Las salidas avanzaban lentamente debido a la enorme cantidad de personas. Sin embargo, en una de ellas ocurriría el desastre: la Puerta 12, un túnel estrecho, oscuro y poco iluminado. Esta era utilizada principalmente por los hinchas visitantes, aunque también había aficionados neutrales. Miles de personas intentaron salir al mismo tiempo, lo que provocó una gran acumulación y presión en la multitud. La situación terminó desencadenando una estampida: quienes estaban adelante fueron empujados y aplastados por quienes venían detrás, muchos sin saber lo que estaba ocurriendo. El resultado fue un desastre total.

Según cifras oficiales, 71 personas murieron y otras 113 resultaron heridas. La mayoría de las víctimas eran jóvenes, con un promedio de edad de apenas 19 años. Sin embargo, la cifra exacta nunca pudo confirmarse y algunas estimaciones señalan que el número real de fallecidos pudo haber sido mayor.

Pero, ¿qué había ocurrido realmente? La verdad nunca se esclareció por completo. Las versiones del club River Plate, de la policía y de los testigos nunca coincidieron. Durante muchos años se sostuvo que el portón estaba cerrado, lo que habría provocado que las personas quedaran atrapadas en el túnel mientras la multitud seguía empujando desde atrás. No obstante, algunos testigos que lograron salir antes de la avalancha afirmaron que el portón sí estaba abierto, lo que generó aún más dudas sobre lo sucedido.

Con el tiempo surgió otra hipótesis considerada por muchos como la más probable. Según investigaciones periodísticas y testimonios de testigos, en el momento en que la gente intentaba salir por la Puerta 12 se habría producido una represión policial que bloqueó la salida.

Las razones de esta intervención se explican en dos teorías. La primera señala que algunos hinchas habrían arrojado botellas y otros objetos a los oficiales durante el partido. La segunda sostiene que un grupo de aficionados comenzó a cantar la Marcha Peronista, algo que en plena dictadura militar era considerado un acto político prohibido.

Debido a esto, se habría formado un grupo de policías a caballo fuera de la puerta para identificar a estas personas. Sin embargo, al intentar detenerlas terminaron obstaculizando la salida del público. Según testigos, algunos hinchas fueron empujados o golpeados, lo que provocó que muchos regresaran hacia las escaleras por miedo. En ese momento se produjo una avalancha entre quienes querían salir del estadio y quienes intentaban huir de la policía. En medio del caos, la desesperación y la falta de espacio, muchas personas murieron aplastadas y asfixiadas.

La tragedia sigue siendo una herida abierta para muchas familias debido a que nunca se esclareció completamente lo ocurrido. Parte de esto se explica por la censura del gobierno de Juan Carlos Onganía. La información fue limitada, se tomaron pocas fotografías y muchas investigaciones no avanzaron. Las únicas versiones oficiales provenían de la policía, mientras que los periodistas tuvieron grandes dificultades para investigar el caso. 

La Asociación del Fútbol Argentino, junto con River Plate y Boca Juniors, reunió dinero para compensar a las familias de las víctimas para evitar acciones legales. Sin embargo, solo dos aceptaron el acuerdo y varias de las denuncias judiciales que se hicieron terminaron archivadas.

Durante décadas el hecho fue casi un tabú y no fue recordado oficialmente por los clubes. Recién en 2008, River Plate colocó una placa en memoria de los fallecidos en el lugar donde se encontraba la Puerta 12, hoy conocida como Puerta M del estadio Monumental. 

En 2018, al cumplirse 50 años de la tragedia, Boca Juniors pidió perdón públicamente por el largo olvido de las víctimas. En 2021, el club colocó una placa con los nombres de los fallecidos identificados en el hall central del estadio La Bombonera y estableció que cada 23 de junio sea recordado como un día de luto institucional.

Sea cual sea la explicación definitiva de lo ocurrido, la tragedia de la Puerta 12 nos recuerda que un partido nunca puede costar una vida. Los estadios deberían ser espacios de celebración, emoción y encuentro, no escenarios de miedo o tragedia.

Recordar lo sucedido no solo es un acto de memoria para las víctimas, sino también una advertencia para el presente: la seguridad siempre debe ser la prioridad. Porque más allá de los goles, de los colores o del resultado en la cancha, detrás de cada persona que entra a un estadio siempre hay alguien esperando su regreso: una familia, un amigo, un ser querido.

Y al final, lo verdaderamente importante nunca será quién ganó el partido, sino que todos los que fueron a vivir ese momento puedan volver a casa sanos y salvos.